jueves, 16 de mayo de 2013

ARTÍCULOS CIENTÍFICOS.



                                          Teoría Sistémica. 

En los treinta últimos años se ha producido una rápida extensión del denominado paradigma sistémico en la reflexión sobre las políticas normativas, el Estado del bienestar y el Trabajo Social. El eco que proponía su renovación teórica parecía asegurado ya que la actual teoría de sistemas se fundamenta en una constatación que atañe a la complejidad estructural de la sociedad contemporánea y que ha acarreado la diferenciación de sistemas que recrean de forma objetiva la gestión de espacios sociales de forma independiente y autónoma de otros subsistemas. Su principal impulsor, Niklas Luhmann, profesaba en tal sentido una teoría del conocimiento fundada en una teoría de la sociedad, y su epistemología pretende construirse desde el respeto a la pluralidad policéntrica delimitada en el análisis de la realidad social, y el abandono de la concepción de la sociedad como una unidad compuesta por diferentes partes.



Una de las fases más importantes en la evolución de la teoría de sistemas comienza a iniciarse en los años sesenta, cuando aparecen las denominadas teorías de la autoorganización, que consideraban sistemas que puede autoorganizarse, creando con ello su propia estructura y los elementos de que se componen. Es decir, sistemas que se constituyen a sí mismos mediante una clausura autorreferente y no tanto mediante un observador externo que señala la diferencia entre sistema y entorno. (…)

(Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal. Sistema de Información Científica. TEORIA DE SISTEMAS, TRABAJO SOCIAL Y BIENESTAR. Mario Domínguez Sánchez-Pinilla, José L. Moreno Pestaña. Nómadas, 2000 (1) Universidad Compútense de Madrid, España. Descarda el 18 de Mayo de 2013 de http://www.redalyc.org/articuloBasic.oa?id=18100118





                            Teoría de la Complejidad.

 

La ‘complejidad’ constituye una perspectiva novedosa y marginal en la ciencia  contemporánea; su carácter de novedad radica en que el estudio de la complejidad implica, en buena medida, un quiebre o discontinuidad en la historia de la ciencia o, más precisamente dicho, en la racionalidad científica occidental. La complejidad introduce, en el terreno de las ciencias, una racionalidad post-clásica que habilita e incorpora problemas ignorados o vedados por el pensamiento científico moderno. 

Estos problemas involucran, en un sentido no exhaustivo, cuestiones relativas al desorden, el caos, la no-linealidad, el no-equilibro, la indecibilidad, la incertidumbre, la contradicción, el azar, la temporalidad, la emergencia, la auto-organización. La complejidad puede entenderse, por lo tanto, como un paradigma científico emergente que involucra un nuevo modo de hacer y entender la ciencia, extendiendo los límites y criterios de cientificidad, más allá de las fronteras de la ciencia moderna, ancladas sobre los principios rectores del mecanicismo, el reduccionismo y el determinismo (Delgado Díaz 2004; Morín 2004b; Sotolongo y Delgado Díaz 2006; Vilar 1997).  

Por otro lado, la complejidad se ubica en una zona marginal del saber científico contemporáneo, aunque sin duda sus grados de penetración, y por consiguiente de marginalidad y desconocimiento, varían de una ciencia y/o disciplina a otra. Para decirlo lisa y llanamente, las teorías y métodos asociados a ‘la complejidad’ no constituyen el mainstream en los campos científicos o disciplinares en los que se desarrollan. Esta situación de marginalidad es menor en el campo de las ciencias de la materia y de las ciencias de vida, campos en los cuales es posible rastrear la pre-historia de las ideas científicas de lo que hoy se denomina ‘teoría/s’ y/o ‘ciencias’ de a complejidad.

El hecho relativo a que estas ciencias hayan sido más receptivas del estudio científico de la complejidad obedece también a otro hecho no menos significativo, el cual refiere al lenguaje propio en el que se expresa el pensamiento de las ciencias físico-naturales, más proclive o sensible al empleo del lenguaje formal y matemático. Así, el estudio y dominio de la complejidad en el terreno científico (por distinción mas no oposición- respecto del pensamiento filosófico y del lenguaje natural más comúnmente empleado en las disciplinas humanísticas y  sociales) ha estado estrechamente ligado a la invención  y el desarrollo de la  computación moderna. De este modo, la teoría matemática de la complejidad y las ciencias de la computación constituyen el andamiaje necesario, pero no exclusivo ni exhaustivo, para el abordaje de una mirada científica de la complejidad en el campo de las ciencias de la vida y de la materia en sentido amplio (física, química, biología, termodinámica, etc.). 


Lo que hoy suele llamarse ‘teoría de la complejidad’ -en singular-, o en su denominación más pluralista, ‘teorías de la complejidad’ -en plural-, es en realidad el nombre de un campo con límites borrosos que abarca, en su formulación científica, a  las teorías de los sistemas complejos en sentido amplio (sistemas dinámicos,  sistemas no lineales, sistemas adaptativos), la teoría del caos y los fractales (Morín  2004a; Reynoso 2009). Lo cierto es que no existe en la actualidad, una teoría unificada de la complejidad, que sintetice y sistematice de modo explícito los aspectos fundamentales de las distintas y variadas teorías, métodos y algoritmos de  complejidad elaborados en el marco de ciencias y disciplinas disímiles.



(Tomado de Nómadas Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas (30-2011-2) Teoría de la Complejidad y Ciencias Sociales. Nuevas Estrategias Epistemológicas  y Metodológicas. Un Lugar Para la Complejidad en el Pensamiento Científico Contemporáneo. Leonardo G Rodríguez Zoya. Universidad de Buenos Aires, CONICET y Julio Leónidas Aguirre. Universidad Nacional de San Martín, Argentina. Descargado el 18 de Mayo de 2013 de http://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/30/rdzzoya_aguirre.pdf




                                                  
                                               Holística.


La modernidad muestra signos de una sociedad “ansiógena”; al ser humano le resulta difícil adherirse al cambio, a un progreso permanente y vertiginoso, cuya rapidez lo perturba y desestabiliza. Emerge el desencanto, la abulia o el desenfreno; la exaltación de los derechos y, a la vez, una ingenua justificación que soslaya deberes inseparables a éstos. Opciones de vida que trasuntan, por una parte, una búsqueda de felicidad individual, con una valoración del placer, en un intento de ser más que nada “él mismo”, o bien el escape, la autocomplacencia, la enajenación, verse a sí mismo como ajeno al mundo, incapaz de integrarse a él, desagregado.


Una mirada retrospectiva de la humanidad permite constatar, por un lado, que esta situación de crisis no es nueva; pero, por otro, rastrear y rescatar los planteamientos, ideas y propuestas de filósofos, científicos y educadores frente a ello. Se observa, en este proceso, un conjunto de ideas vertebradoras, axiales y fundantes, que convergen en un paradigma global, totalizante, holístico. Una respuesta amplia, integral y unificadora, para fenómenos de iguales características. La educación debe atender y acoger estas ideas, capitalizando la oportunidad que le ofrece la reforma educacional en marcha.

Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal. Sistema de Información Científica. Holística Una Luz Vertebradora Para el Cambio. Gemal Abdel E.  Estudios Pedagógicos, Núm. 24, 1998, pp.123, 129. Universidad Austral de Chile, Chile. Descargado el 18 de Mayo de 2013 de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=173513846010.
 

  


 

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